En seguridad, igual que antes

La guerra es una masacre entre gentes 

que no se conocen para provecho de gentes 

que sí se conoce, pero no se masacran. 

Paul Valéry 

Arturo Suárez Ramírez / @arturosuarez 

Estimado lector, gracias. Una de las promesas incumplidas de Andrés Manuel López Obrador es la de pacificar al país, ahí están los testigos para recordar como en varias entrevistas se aventó la puntada de los «abrazos y no balazos», nadie en sus cinco sentidos podría haber creído a pie juntillas que con el simple ejemplo del presidente alcanzaba para recomponer tanta putrefacción, era ingenuo, los meses han pasado y nada ha cambiado. 

El mismo tabasqueño se ha puesto plazos para que se pudiera medir o por lo menos vislumbrar el cambio en la estrategia, frenar la violencia y presentar números que apuntalen los dichos de la politiquería en la que cae constantemente la 4T. Quien tuvo la encomienda inicial de la seguridad fue Alfonso Durazo, hoy es el flamante candidato al gobierno de Sonora, mientras que de la pacificación Olga Sánchez Cordero, quizás el ornato más caro de la administración actual. 

Durante la gira del presidente el fin de semana pasado por La Paz, Baja California, de nueva cuenta un grupo de manifestantes increpó a López, le piden justicia para los desaparecidos y parar la violencia que no baja. Le gritaban que detuviera la camioneta, que los escuchara, quieren justicia, obviamente con rodada lenta el convoy no se detuvo, y menos en tiempos de pandemia por aquello de los contagios, aunque sabemos que al presidente no le gusta el cubrebocas y eso lo usa a conveniencia, al pejelagarto no le gustan los reclamos, menos en las giras de lucimiento para placearse en la antesala de la campaña política. 

Cuando a los de la Cuarta se les piden cuentas en ese tema, pues el regreso al pasado es inminente. Hay razón en recordar que fue en el sexenio de Felipe Calderón, cuando se desató el demonio del crimen organizado, así del 2006 al 2012 nos sorprendimos con los miles de decapitados y hasta la desintegración de cadáveres en tambos con ácido, niños que fueron utilizados para matar, se convirtieron en sicarios mientras Calderón tachaba a los desaparecidos, muertos y desplazados como daños colaterales, la barbarie se normalizó. 

Cuando llegó Peña Nieto, se albergaba una esperanza de ponerle freno a tanta violencia, lo mejor que hicieron fue bajarle a la comunicación social, mirar a otro lado, pero eso obviamente no resolvió el problema, las fosas clandestinas se contaban por cientos, las madres buscaban a sus hijos y hacían el trabajo que las procuradurías no querían. Así hasta que el caso de los 43 normalistas de Ayotzinapa sepultó el sexenio peñista en el tema de seguridad. 

Los 12 años del PAN y los 6 del nuevo PRI le abrieron la puerta al discurso seductor del mejor político de los últimos tiempos, al vendedor de esperanza en un contexto perfecto, el hartazgo ciudadano se manifestó en el 2018 y López obtenía la oportunidad que había buscado con tanto ahínco.  

Han pasado 26 meses y no hay resultados tangibles, estos mienten con los números, pero el 2019 fue el año más violento con 34 mil 582 homicidios dolosos, más de mil feminicidios y secuestros, las administraciones anteriores y el gobierno de López solo suman muertos por todos lados, periodistas asesinados, robo y extorsión. 

Los responsables de la violencia y los malos resultados tienen nombre y apellido, presidentes municipales y gobernadores no pueden escapar a su parte de responsabilidad, menos el gobierno federal que pregona que son diferentes, pero destilan frivolidad en los temas donde deben mostrase sensibles, ¿qué diría López Obrador si fuera oposición? 

Como se haga añejo el sexenio presenciaremos más reclamos, pero mejor ahí la dejamos. 

Entre Palabras 

¿Y las feministas de Morena? Y… ¿el presidente más feminista de la historia? ¿Solapando a Salgado Macedonio? 

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Hasta la próxima. 


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