Francia eterna

Por José Guadalupe Rocha Esparza

Édith Piaf, una de las cantantes más célebres del siglo XX, nacida en París, encarna a “la Francia eterna”, interpretando con su voz firme y temblorosa “La vie en rose”, “Non, je ne regrette rien” e “Hymne a l’amour” entre otras canciones, reapareciendo entre los vivos, de silueta menuda y hombros encogidos, con el vestido de seda negra paseando su luto existencial.

Édith Giovanna Gassion no siempre fue la misma. Antes de la guerra, era una mujer sometida a hombres viriles, soldados, marinos y canallas. Progresivamente, se convirtió en una mujer mucho más liberada, que no tuvo ninguna vergüenza en exponer una vida sentimental intensa con Louis Dupont, Yves Montand, Marcel Cerdan, Théo Sarapo y múltiples amantes.

La “chanson” popular ganó mucho dinero, pero no se aburguesó, dada su filiación proletaria, hija de saltimbanquis en un circo ambulante que vivió en los barrios obreros de la capital francesa. Siempre buscó a un hombre ideal que no terminó de encontrar. El contenido de sus letras y la universalidad de sus canciones fascinaron a artistas de todo tipo. Murió a los 47 años.

 

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