Vende caro tu amor

Por Sergio Mejía Cano

Posterior a las pasadas elecciones del 06 de junio, y por los señalamientos de varios analistas, medios informativos y algunas personas más, de que Morena había perdido la “mayoría absoluta” en la Cámara de Diputados, el presidente aclaró en varias ocasiones en sus conferencias matutinas de que la mayoría absoluta no existe ni ha existido nunca, sino que nada más hay mayoría simple y mayoría calificada, y de que esto no era problema porque podría haber alianzas inclusive hasta con el PRI.

Esta declaración abierta que hizo el presidente Andrés Manuel López Obrador (AMLO), en su mañanera,  respecto a de que podría haber alianzas hasta con el PRI para obtener la mayoría calificada, de inmediato despertó la alerta en algunos priistas como la aún diputada Dulce María Sauri Riancho, quien dijo que el PRI no sería el Judas, y que lo que había hecho AMLO, diciéndolo en términos beisboleros, había lanzado una “bola ensalivada”; quizás porque el presidente señaló que para reformar la Constitución Política se necesitaba una mayoría calificada y que para esto, se buscarían las alianzas partidistas, y tal vez la jiribilla la detectó la diputada Sauri Riancho, cuando AMLO afirmó que dichas reformas constitucionales serían para beneficio de la Nación entera, y no para unos cuantos, y que en caso de que los de otros partidos políticos rechazaran sus iniciativas de reformas, serían responsables de que el país no avanzara y de que no se diera el cambio esperado en beneficio de toda la población mexicana.

Sin embargo, poco antes, al parecer el todavía dirigente nacional del PRI, Alejandro Moreno, más conocido con el mote de “Alito”, sufrió un lapsus al decir ante los medios que “no se puede decir que no a todo, y que solo irían con Morena si las reformas no dañan a México”; aunque posteriormente se desdijo en parte al apoyar lo dicho por Dulce María Sauri, de no serán el Judas.

Y aquí queda la duda si en verdad las reformas constitucionales o iniciativas de ley que mande AMLO serán tan perjudiciales para el país como lo han sido todas las reformas que inició Carlos Salinas de Gortari y continuaron hasta el pasado sexenio de Enrique Peña Nieto, en que con las reformas que llevaron a cabo se dio prioridad a la Iniciativa Privada, a la Clase Patronal y se perjudicó en muchas formas tanto a la clase trabajadora en su conjunto, como al Magisterio y estudiantado en general.

Así que ahora, en caso de que el PRI y los demás partidos coaligados como el PAN y el PRD se nieguen a aprobar alguna reforma o iniciativa de ley que sea en beneficio de la Nación, históricamente quedarán marcados de por vida al negarse que se ayudara a las clases más necesitadas, se fortalecieran nuevamente como áreas estratégicas la Comisión Federal de Electricidad, Pemex, los Ferrocarriles, las minas, que regresen las playas a los mexicanos, etcétera.

Y tal vez no les quede otra a los partidos que se aliaron bajo el rubro de “Va por México”, más que se les aplique parte de la letra de la canción de Agustín Lara: “Aventurera”, pues tendrán ahora que vender caro su amor de aventureros o de patriotas, según sea el caso, dando el precio del dolor a su pasado, y aquel que de sus labios la miel quiera, que pague con brillantes su pecado; por  la infamia de su cruel destino que marchitó su admirable primavera, y haciendo menos escabroso su camino; aunque tal vez quieran recibir diamantes por vender caro su amor de aventureros.

Lo que sí se ve claramente, es que posiblemente lo que hace AMLO al solicitarle una alianza al PRI, sea nada más estarles dando un bote salvavidas al ver que el barco del PRI ha seguido haciendo agua y cada vez  se hace más grande el boquete por el que está entrando esa agua que tal vez, irremediablemente lo lleve al fondo y ya no pueda ser posible volverlo a sacar a flote.

Así que ahora el PRI y el PRD tienen la posibilidad de resarcirse con el pueblo mexicano que aún está esperanzado de que algún día llegue la justicia social que tanto se pregonó después de la lucha fratricida que siguió a la Revolución Mexicana y que, precisamente por ser el PRI un partido político emanado de la Revolución, ahora diga que “hay que salvar a México”, si el mismo PRI contribuyó en gran parte a que decayera la Nación. Porque en tal caso, una cosa ha quedado muy clara: el PRI en los últimos 40 años se alejó bastante de sus estatutos básicos, y por ende, de sus ideales revolucionarios en los que muchos mexicanos (ambos sexos) creyeron fielmente esperanzados.

Sea pues. Vale.

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