Defensa numantina

Por José Guadalupe Rocha Esparza

El día que la gente descubra el placer de escuchar, nuestro mundo será una fiesta. Sin embargo, se desprecia a menudo el valor de las palabras ajenas, dado que nuestra sociedad considera una virtud desplegar una defensa numantina alrededor de las propias convicciones para salvarse de la crítica, es decir, la incapacidad de prestar atención a lo que se oye.

La defensa numantina habla sin parar, habla de corrido, habla corriendo o habla despacio. Quienes hablan tan deprisa, las palabras se convierten en maleza lingüística, todo un caudal desbocado de ideas, que transmiten la sensación de un auténtico horror al vacío, que necesitan llenar con su incesante parloteo todo el tiempo en el que están en el uso de la palabra.

Numantina defensa hace quien parece estar masticando lentamente sus palabras mientras las pronuncia, buscando más la intimidación simbólica a su interlocutor que el refuerzo propiamente dicho del mensaje. En ambos casos se resiste a que sus palabras puedan encontrarse con las del otro, despreciando el regalo intelectual de que le digan que está equivocado.

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