Un ojo al gato y el otro al garabato

“Los juicios son demasiado importantes

para dejarlos en manos del jurado”

Anónimo

Por: Dr. Pedro Gonzáles Castro y

Dr. Rutilo Tomás Rea Becerra

De la noche a la mañana, como por arte de magia, un pueblo que ha padecido el bloqueo norteamericano desde 1960, sale a las calles a protestar al grito de “abajo la dictadura”, así lo manifestaron los medios hegemónicos. Lo mismo hicieron hace diez años en Siria y en marzo de 2014 en Venezuela. Sin embargo, callan la represión en Colombia, el deterioro del territorio en el Líbano, la guerra impuesta en Siria o las masivas protestas en Francia.

Indudablemente el liberalismo anda desatado a nivel mundial y el marco pandémico les ha sido propicio para arremeter duramente con todos los países que no comulguen con sus intereses imperialistas. Ya desde inicios del siglo pasado todo régimen nacionalista que buscara satisfacer las demandas populares y mejorar las precarias condiciones de vida de su pueblo representó para Estados Unidos el enemigo a vencer.

El preludio de este concierto criminal contra Latinoamérica tuvo su origen en la primera mitad del siglo XX. Durante este periodo, el imperialismo norteamericano se adjudicó recursos naturales, mano de obra barata, el control de rutas estratégicas, de mercados de consumo y de transacciones financieras a través de diversas instituciones bancarias. Esto le permitió la consolidación de una estructura comercial para el desarrollo económico, la protección y ampliación de propiedades e inversiones, así como el apoyo político y derrocamiento de regímenes que se opusieran a sus intereses.

Tres elementos que debemos tener presentes en este proceso y que han permitido el afianzamiento del imperialismo, funcionando como mecanismos de ajuste, ha sido la existencia de políticos corruptos, el uso de la fuerza militar y la propaganda liberal, modeladora por excelencia de la opinión pública.  

Así como en el siglo pasado, en nuestros días los políticos corruptos, los vende patria, han utilizado los medios a su alcance para asegurar que prevalezcan los intereses extranjeros a cambio de una cuota económica y de poder. Bajo este rubro, en el caso de México, en estos tres últimos años hemos visto desfilar actores individuales: González, Gilberto Lozano, Ricardo Anaya; Vicente Fox, Fernández de Cevallos, por mencionar algunos; grupos como la “Asociación de Gobernadores de Acción Nacional” (GOAN), “Alianza Federalista”, “Cambiemos México”, “México Convoca”, “Chalecos México”, “Frena”, “Va por México”, “Mexicanos contra la corrupción y la impunidad”, “Sí por México”, “Observatorio Nacional para el Respeto y Cumplimiento de la Constitución”, etc. Y, desde luego, partidos políticos como el PAN, PRI, PRD, MC y otros de menor calaña.

Todos ellos, al ver trastocados sus intereses, abiertamente y con el mayor de los cinismos han declarado una lucha frontal contra las acciones que ha emprendido la 4T. Tratan a toda costa seguir con el desmantelamiento de nuestro país. Utilizando como instrumento mediático a la prensa, tanto nacional como internacional, quieren construir una narrativa alterna en la que se justifique las políticas implementadas durante el periodo neoliberal.

Como fieles acólitos de Friedman quieren que su decadente legado siga vigente: hacer coincidir la expansión de la lógica de mercado y el conjunto de las relaciones sociales con la reducción del Estado y la atomización de la sociedad civil. Sin embargo, la historia ya no la escriben ellos y por primera vez los de a pie, el pueblo, dará seguimiento a la protesta que hace el Presidente al tomar posesión de su cargo y que está contenida en el artículo 87 de nuestra Constitución:

«Protesto guardar y hacer guardar la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos y las leyes que de ella emanen, y desempeñar leal y patrióticamente el cargo de Presidente de la República que el pueblo me ha conferido, mirando en todo por el bien y prosperidad de la Unión; y si así no lo hiciere que la Nación me lo demande.»

Es evidente que los modernos fariseos, arropados de gruesa hipocresía y falsa moral, quieren evitar que sus falsos ídolos sean enjuiciados, saben perfectamente que ellos serán los siguientes. Por ello, es imperante que hagamos efectivo nuestro derecho a la justicia; exijamos que se devuelva al pueblo lo robado; exijamos que los expresidentes que facilitaron el saqueo de nuestra nación sean enjuiciados.

Por la revocación de mandato, digamos SÍ a la consulta popular: SÍ al juicio a los expresidentes.

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