La sumisión genética que traemos los mexicanos

Por Sergio Mejía Cano

Se dice que genéticamente, los mexicanos tenemos la disposición a ser sumisos hacia un mandamás, y que esta sumisión se acrecentó con el mestizaje, pues los europeos aún hasta nuestros días, tienen esa impresión muy acrecentada. De ahí que la mayoría de nosotros veamos como semidioses a nuestros gobernantes, y algunos paisanos un poco más allá, pues cuando se anuncia la visita o algo referente a reyes, reinas, princesas, príncipes europeos y hasta del mismo papa de El Vaticano, nos inclinemos ante ellos como si en verdad fueran seres superiores.

Qué bien que en nuestro país los títulos nobiliarios no signifiquen nada en sí, porque de otro modo, quizás muchos mexicanos (ambos sexos) ni siquiera levantarían la vista al paso de cualquier ser considerado noble o perteneciente a la nobleza, tal y como se ha documentado que pasaba en Japón, en donde los súbditos nipones no podían mirar a la cara a su emperador.

Sin embargo, aun así, se le rinde pleitesía a los gobernantes en nuestro país tal y como si fueran seres venidos de otro mundo o en el peor de los casos, como si formaran parte de una casta aparte, y lo curioso es que no nada más los gobernados nos podríamos sentir así, sino que los mismos gobernantes o funcionarios y servidores públicos, así se sienten, como la divina envuelta en huevo, como si sus flatulencias no despidieran ningún aroma o que no fuera desagradable.

Y vaya que genéticamente tenemos muy dentro de nosotros esa concepción de la nobleza, porque hasta aplicamos a pie juntillas aquello de “el rey ha muerto, ¡viva el Rey!”. Y esto lo vemos cada fin de sexenio o trienio en que muchos de nosotros nos desatamos criticando abiertamente al gobernante que se va, para ahora alabar al que llega, para ahora tratarlo como “el señor” o en otros casos como “el ingeniero o el licenciado”.

Pero esto no se da únicamente en el nivel político, sino en otras empresas o negocios, en donde por ejemplo a un compañero de trabajo se le da un puesto de oficial, y por ese simple hecho, habrá que tratarlo con la distinción que merece, así antes se le llamara por algún mote o apodo hasta denigrante, en cuanto asume el puesto de confianza u oficial, sus compañeros cambian drásticamente el trato hacia ese compañero al que por méritos o por alguna otra cosa, los patrones lo favorecieron ascendiéndolo al estatus administrativo de un nivel más alto.

Y el cambio en el trato hacia el compañero que asciende de categoría en un trabajo o en algún cargo político, se podría decir que no es precisamente hacia la persona en sí, sino a la investidura que ahora ostenta y representa.

Se entiende que desde niños se nos enseña a respetar a nuestros mayores, a tratarlos de usted, a ceder el asiento tanto a mujeres como adultos de la tercera edad; el problema que mucho de este respeto se ha perdido entre las nuevas generaciones, pues quién que sea adulto hoy en día  no recuerda que al estar un salón de clases, cuando entraba una persona se tenía que poner uno de pie, y ahora es difícil que pase algo así; claro que con sus raras excepciones, pero la mayoría de las veces ni en cuenta y ni quien atienda este noble gesto.

Y volviendo a los políticos que al subirse en el ladrillo del cargo que ocupan, se dan el lujo de mirar por encima del hombro a quienes se deben y deben el cargo, por creerse precisamente por encima de sus gobernados.

Siempre me ha llamado la atención de los periodistas sumisos que, estando en una conferencia de prensa con un toro pesado de la política y, si éste les dice que no aceptará preguntas, los periodistas aceptan esto sin chistar, sin decir nada; y esto ha sucedido no nada más con gobernantes, sino hasta con servidores públicos de segundo nivel como cuando citan a conferencia para informar de algún hecho o acto y que de antemano dicen que no aceptarán preguntas, que la rueda de prensa es únicamente para informar de determinados hechos y circunstancia, y los periodistas se quedan callados.

Me gustaría que algún periodista, mujer o varón encarara a un servidor público que dijera esto diciéndole que como servidor público está obligado a responder toda clase de preguntas mientras sea de índole público, porque no se le va a preguntar sobre su vida íntima, sino de lo público, porque lo público, público es, y como servidor público tiene la obligación de responder; pero no,  tal vez sea un sueño guajiro de mi parte el hacer ver a un servidor público que en todo momento tiene que responder de lo público. A ver si algún día.

Sea pues. Vale.

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