Personas de la tercera edad, la mayoría de los votantes por juicio a expresidentes

Por Sergio Mejía Cano

Acudí a la mesa receptora que me tocó para votar poco antes de las 13:00 horas. Fue en la escuela Héroe de Nacozari, por la calle Mediterráneo, en el fraccionamiento Simancas. Poco antes de llegar, miro que un muchacho llega en motocicleta, y una vez que se quita el casco, comienza a tomar fotografías de la fachada de la escuela, en donde cuelgan los anuncios de que ahí estará dicha mesa receptora.

Al llegar a la puerta, el muchacho entra antes que un servidor, y veo que, en vez de presentar su credencial para votar, le comienza a hacer preguntas a los funcionarios de la casilla respecto a si ha acudido mucha gente a votar. Alcanzo a oír que poca, que aproximadamente unas 70 personas en una mesa y un poco más de 100 en la otra, pues están divididas por orden alfabético, una de la A a la L, y la otra de la M a la Z.

Antes de ser atendido, está una persona en la A y dos más en la M; les dan su papeleta para que voten indicándoles en donde lo tendrá que hacer, y sigo yo. Una muchacha me dice que ponga mi credencial sobre la mesa para leer mi nombre, no lo encuentra, pues le da como tres vueltas al padrón y le dice a su compañero, el que entrega las boletas, que no estoy, por lo que el compañero le dice que le preste el libro; pero poco antes de que dárselo, dice de pronto: ¡aquí está! Confieso que ya me había sacado de onda, pues cómo no iba a estar si era la casilla correspondiente y, aunque fue otro domicilio en donde se había votado el pasado 06 de junio, no tenía por qué no aparecer en el padrón, pues mi credencial se vence hasta el 2023.

Ya una vez que deposité la boleta con mi voto en la urna correspondiente, le pregunto al funcionario que si así ha estado toda la mañana, me responde que sí, que ha sido poca la gente participativa y que si me fijo, la mayoría de la gente que ha acudido a votar, son puras personas de la tercera edad; y sí, los que estaban antes que yo, ya se ven adultos mayores o en plenitud, como dijera Vicente Fox.

Al ir saliendo, entra un matrimonio adulto también. Afuera está el muchacho de la moto y le pregunto que si pertenece a algún medio informativo, y al decirme que por qué, le digo que porque lo oí preguntando sobre cómo estaban los acontecimientos, y me contesta que no, que es nada más un “observador ciudadano”, continua diciendo que ya van varias casillas que visita y que la mayoría de las de la periferia están prácticamente en las mismas condiciones: solas, sin aglomeraciones y obviamente sin largas filas; pero que en algunas de las mesas receptoras ha estado graneadito desfilando una persona tras otra, luego se calma el arribo y luego otra vez una persona como cada cinco o tres minutos de intervalo ha visto que entran. Y que ya había visitado algunas de las casillas del centro de la ciudad y que en esas sí ha visto más gente, poca, pero más que en las de la periferia de la ciudad. Y me da una idea este muchacho, pues me dice que a cuanta gente se ha encontrado en la calle les pregunta que, si ya fueron a votar, pero que la respuesta más común es que le dicen que votar para qué.

Y la idea fue que yo haría lo mismo al ir caminando por la calle; sin embargo, ni un alma en el entorno, llego a la cuadra donde está mi domicilio y parece una calle fantasmal, sola a más no poder. Miro una cochera abierta y está un vecino joven limpiando su auto con una aspiradora, como lo conozco desde bebé, me da la confianza de preguntarle si ya fue a votar, y nada más me responde haciendo una seña despectiva, y cuando me despido me alcanza a decir que tiene otras ocupaciones más importantes. Más adelante está otro vecino joven con la ventana de su sala abierta y que está hablando por teléfono móvil, lo saludo con un ademán de mano y veo que termina su llamada, y me pregunta que cómo estoy, y yo a la vez le pregunto si ya fue a votar y me responde que eso es puro cuento.

No llego a mi domicilio, pues como ya ando en la calle, aprovecho para ir de una vez a la tienda, y al dar vuelta en la esquina, me encuentro a dos señoras ya mayores, hermanas ambas, pero vienen enojadas porque les habían dicho que se votaría en el mismo domicilio donde se había votado el 06 de junio próximo pasado, pero habían encontrado cerrado y nada. Después del saludo, me preguntan si no sé en donde se tendría que votar, y les digo que en la escuela de la estación del ferrocarril y ahí van.

Así que, por lo visto, al parecer la mayoría de los votantes hemos sido pura gente de la tercera edad; Aunque tal vez con sus excepciones.

Sea pues. Vale.

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