Pensamiento político XVII

Por José Guadalupe Rocha Esparza

Epicuro, discípulo de Pánfilo y Jenócrates, fundó en Atenas una escuela que llevó su nombre: era su famoso “Jardín”. Uno de los hombres más nobles del mundo antiguo en el culto de la amistad. En la ética epicúrea está vivo el sentido del dominio de sí mismo: el sabio es el que es señor de sus propias pasiones. Por esto da gran importancia a la prudencia.

Para la consecución de la felicidad, además de la prudencia contribuyen otras virtudes: la templanza, la fortaleza y la justicia, es decir, contentarse con poco, con lo que es natural y necesario; soportar los dolores sin temer la muerte y dar a cada cual la seguridad externa, paz del alma e interés recíproco. Eudemonismo o ausencia del dolor, es felicidad permanente.

Desarrolló la ataraxia propuesta por Demócrito, seguida por los estoicos y escépticos como el fin de una vida dichosa, imperturbable, tranquila y serena en relación con el alma, la razón y los sentimientos. Afirma que es un tonto quien declara tener miedo a la muerte, no porque una vez llegada sea temible, sino por ser temible esperarla. El sabio no le teme, decía.

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