El interés de la nación por encima de los intereses personales

            “Hay derrotas que tienen más

dignidad que una victoria”

Jorge Luis Borges

Por Dr. Pedro Gonzáles Castro y

Dr. Rutilo Tomás Rea Becerra

Por primera vez, en muchas décadas, ocupa la presidencia de México un gobierno que pone como tesis fundamental de su ejercicio político: “Por el bien de todos, primero los pobres”. Durante mucho tiempo se le dio la vuelta a esta deuda y se prefirió oficializar la corrupción. Sistemáticamente se bombardeó a la población con frases de impacto social.

En la cotidianidad se hicieron comunes frases como: “La solución somos todos” (que luego devino en “La corrupción somos todos”); Si me ayudas, te ayudo; “Lo dejo a su criterio”; “Un político pobre es un pobre político”; “El año de Hidalgo…”. El periodo neoliberal estuvo lleno de tanta “ocurrencia” al grado que llegó a permear la conducta de una gran mayoría; muchos querían gozar de esas prerrogativas que brindaba el oportunismo.

Durante años, la pobreza ha sido una constante amenaza para los gobiernos neoliberales y la única manera de contenerla fue a través de la represión y la propaganda, esta última más sutil. Como la humedad en tierra suelta, bajo preceptos goebbelianos, mediante la radio, cine y televisión se fue aculturizando a las masas y se les hizo creer que son pobres por su culpa, por su grande culpa.

Ser pobre se hizo sinónimo de vergüenza, así que pronto hubo que aprender a negarse como tal. Ello, abrió la oportunidad para venderles la idea de que con trabajo, constancia y esmero algún día podrían llegar a una posición desahogada; quizá podrían ser ricos algún día. Otra fórmula para acceder al poder, lujo y prestigio es ocupar un cargo público; hacerse político desde la concepción sustentada por Hobbes: detentar el poder para mantener una ventaja.

Frente a opciones como estas, muchos se han abandonado a la suerte, han dejado de pensarse como masa y se han embarcado en un torbellino de individualismo egoísta que les ha generado un miedo patológico y del que su única defensa está a cargo de su sistema límbico; cada vez que se sienten amenazados ya sea por una opinión o por hechos fácilmente contrastables su química cerebral experimenta mecanismos como si estuviera en peligro y actuará en consecuencia: agresivamente.

Desde luego que no es nuestra tesis implicar una correlación directa entre violencia y pobreza, estamos lejos de ello. Lo que queremos resaltar es la existencia de un laberinto en el que muchos, por comodidad, se abandonan y no quieren ir más allá en el quehacer descolonizador y quieren seguir hamacándose en los recovecos de herencia neoliberal.

Es de reconocer que actualmente México tiene un gran problema: un gobierno más movilizado que la población. Se tiene la urgencia de dar cuerpo al partido, crear cuadros y, por ende, organizar las masas. Por ello, es imprescindible iniciar a trabajar bajo la consigna de sumar y no restar ni dividir, aunque algunos no lo entiendan y jueguen al peligroso harakiri.

En la prisa por ocupar en un futuro cercano algún puesto público, se siguen repitiendo comportamientos y “verdades” memorizadas, que a simple vista parecen indiscutibles, pero que inhiben la socialización de estrategias orientadas a contrarrestar los andamiajes oportunistas y que lastran la creación de una sólida infraestructura social a través del compromiso, la solidaridad y el trabajo comunitario. Nos han vetado el derecho a cuestionar y a evidenciar lo inoperante, nos han querido convertir en participes de un “cómodo inmovilismo”.

Ello es consecuencia del deterioro del tejido social y su reconstrucción no es fácil. Acabar con la corrupción, reducir la violencia, enfrentar y dar solución a los problemas de pobreza y exclusión social requiere de un procedimiento quirúrgico, cauteloso y estratégico. Pues una nación que durante muchos años ha sido explotada y sometida, guarda en sus entrañas muchas inercias producto de prácticas oligárquicas y caciquiles. que, obviamente, ofrecerán resistencia a perder sus “privilegios.

Ante este panorama se hace necesario entender, como tareas prioritarias, la formación de cuadros y organizar a las masas bajo la metodología de educación popular, misma que en su seno implica la formación política como un proceso de construcción del conocimiento a partir de las necesidades inmediatas de los sujetos.

Es necesario partir del ejercicio dialógico en la reconstruir el discurso político no desde las cúpulas formadas de líderes de élite (burocracia racional weberiana), sino desde la comunidad. Desde aquellos espacios en donde nos identifica la horizontalidad y una realidad inmediata y que nos permite asumirnos como estructura social fragmentada que necesita encontrar sus coincidencias y partir de ellas para crear una independencia política que nos permita construirnos y eliminar procesos alienantes.

Así entonces, teniendo en cuenta que no solo en la conciencia individual sino también en la colectiva pesan los residuos de una educación sistemáticamente orientada al aislamiento del sujeto, debemos tener presente que el andamiaje de la nueva sociedad deberá soportarse principalmente por dos pilares: primero los pobres y segundo, el interés de la nación por encima de los intereses personales.

Comparte este artículo

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *