Pensamiento político XXII

Por José Guadalupe Rocha Esparza

Lucrecio, poeta latino, renunció voluntariamente a los cargos públicos y a los honores para entregarse al estudio y al reposo. Condiscípulo de Zenón y ambos estudiosos de Epicuro. Compuso “De la naturaleza de las cosas” una de las obras más hermosas del género didáctico. Sostuvo con vehemencia que la religión del Estado es promotora de supersticiones.

Tito Lucrecio Caro decía que los hombres han ambicionado ser ilustres y poderosos, sudar sangre para tener una vida plácida en medio de la opulencia, pero los caminos encontradizos y opuestos hicieron escabroso el ascenso al pináculo del honor y, desde la cumbre, como un rayo, los hizo caer rodando por la ignominiosa envidia hasta los tártaros del oprobio.

Probó que el linaje humano agita sin razón en su alma la ola de amargura de las inquietudes, angustias, ingratos rencores y agrias quejas que nada puede refrenarlas. Proclamó las verdades destinadas a purificar los corazones, poniendo un límite al deseo y al miedo para alcanzar el bien supremo: la contemplación racional y luminosa del orden de la naturaleza.

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