Se cumple la sentencia de que “nada es para siempre”

Por Sergio Mejía Cano

Mientras van adquiriendo más edad, muchas personas comienzan a comprobar que aquella frase de que “todo tiempo pasado fue mejor” podría tener fundamento, sobre todo hoy en día como por ejemplo en cuestión laboral; ya que las nuevas generaciones podrían no llegar a lograr una pensión y mucho menos pensar en una jubilación, debido a que para lograr las cotizaciones requeridas en el Sector Salud serían muy difíciles de lograr y, además, porque ya muy pocos trabajos pueden ser para toda la vida en una sola empresa.

En el pasado inmediato, hubo empresas en que un trabajador duraba ahí toda su vida, como por ejemplo los ferrocarriles, en que se entraba a laborar desde temprana edad, hasta que era jubilada por la misma empresa, ya fuera por vejez o por incapacidad; sin embargo, hoy en día eso ya es muy difícil o imposible no nada más en el ferrocarril, sino en otras empresas; claro que con sus excepciones, como en Pemex, la CFE y Telmex, porque si bien podría haber otras empresas en donde un trabajador pudiera estar todo el tiempo hasta salir jubilado, tal vez dichas empresas o negocios se podrían contar con los dedos de una mano, ya que ahora la mayoría de las empresas aducen que para eso están las “afores” y las pensiones que otorga el Sector Salud.

Y a propósito del ferrocarril, allá por los años 30 del siglo pasado, un grupo de trabajadores de la rama de transportes del Ferrocarril del Pacífico, ideó en crear una asociación civil a la que denominaron como  “Fondo de Protección Trenista”, con el fin de ayudarse mutuamente en caso de despidos injustificados, así como ayuda para gastos funerarios tanto de los mismos socios como de familiares ascendientes y descendientes en primer grado, es decir, padres e hijos, respectivamente, así como hermanas y hermanos; además de otorgar préstamos hasta determinada cantidad, con pagos mediante descuentos por nómina del ferrocarril que, se prestó para que esto fuera viable; claro que dichos préstamos conllevaban en sí los clásicos intereses del diez por ciento de la  cantidad prestada. Y si en un principio este fondo se creó única y exclusivamente para personal trenista y locomotorista, paulatinamente se fueron aceptando trabajadores de otras especialidades del ferrocarril tanto de Fuerza Motriz y Maquinaria (talleres) como de oficinas y de Alambres (telegrafistas, jefes de estación y Despachadores de trenes).

Cada socio aportaba una cuota fija mensual, a la que se le adicionaban según fuera el caso, otras cuotas ya fueran para ayuda de gastos funerarios por familiares o de los socios fallecidos y además, para ayuda de compañeros despedidos; claro que para estos últimos, la ayuda que se les proporcionaba se les daba siempre y cuando dichos despidos no hubieran sido por delitos de cualquier índole plenamente comprobados, por dolo, por fraude a la empresa o hechos de sangre en riñas tanto dentro de la empresa como fuera de horas de servicio, y que se les comprobara su culpabilidad, porque, según lo establecían los estatutos de dicho Fondo de Protección Trenista que, si se les ayudaba en estos casos, sería tanto como avalar y aplaudir los actos delictivos, por lo que en casos así, se suspendía todo tipo de ayuda de esta asociación civil.

Sin embargo y como se dice coloquialmente, nada es para siempre. Porque si bien dicha asociación civil de los trabajadores ferroviarios en su momento de esplendor llegó a aglutinar hasta 1850 socios que fue a finales de los años 70, más o menos se mantuvo en ese promedio tanto por defunciones de socios, así como trabajadores de nuevo ingreso a este fondo de protección. Aunque paulatinamente con el tiempo fueron más las defunciones que las solicitudes de ingreso a la asociación y, hasta febrero de 1998 ya no se aceptaron más socios, debido a que la nueva empresa concesionaria Ferromex, ya no accedió a que se descontara por nómina la cuota de los socios, por lo que el personal activo ya no pudo seguir siendo socio de este fondo, aunque se les sugirió que podían seguir pagando sus cuotas personalmente acudiendo a la sede del fondo, sito en Mar Caribe 23, fraccionamiento Simancas en la ciudad de Tepic, Nayarit, algunos accedieron, pero nada más de palabra, porque jamás se presentaron a seguir pagando sus cuotas de manera personal; obviamente porque no es lo mismo que se deduzcan mediante nómina que pagar en persona. Hoy en día quedan nada más 180 socios y todos de la tercera edad, por lo que ya no es viable seguir sosteniendo esta asociación.

Sea pues. Vale.

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