UAN

Murales y muralistas de la UAN

>> A propósito de “La ciencia al servicio de la humanidad”, de Jaudiel Partida

Por el maestro e historiador de la UAN, Pedro Luna Jiménez.

En los pretéritos tiempos del quehacer muralístico en la Universidad Autónoma de Nayarit, se puede observar la promisoria presencia de dos de sus pioneros como fueron José Luis Soto y José Hernández Delgadillo. El primero de ellos cuando era todavía joven, arribó a la ciudad de Tepic, procedente de Celaya, para crear en la Escuela Preparatoria que apenas se había establecido en la Ciudad de la Cultura, su primera obra en la que el tema a tratar era la libertad del conocimiento que lucha por surgir de la oscuridad y llevar a la humanidad por un sendero de luz. Para entonces corre el mes de octubre de 1969 y sin duda pudo haberse develado con la presencia del doctor Julián Gascón Mercado y el rector Ignacio Cuesta Barrios. Aquel fruto de la creadora mente de Soto, aún se puede admirar, en buen estado, en el amplio corredor de acceso a este plantel.

Posteriormente, cuando ya se habían establecido la mayoría de Unidades Académicas con que iniciaría su oferta de profesiones esta institución, José Hernández Delgadillo estuvo aquí para apoyar un movimiento tendiente a instaurar un modelo de universidad más democrática y vinculada hacia los sectores más vulnerables. La forma en que el reconocido artista apuntaló este esperanzador movimiento fue produciendo en la Escuela de Economía un bello mural, mismo que sería dedicado al pueblo y a los estudiantes revolucionarios. Todo esto sucede a mediados de 1974. La obra, que por varias décadas recordó los convulsos e idealistas tiempos, luego de haber sido restaurada dos o tres veces -una de ellas por su propio autor- y de recubrirse con material cerámico para prolongar su presencia en la UAN, corrió la misma suerte que el inmueble que le daba cobijo, es decir, le acompañó cuando al cumplir su ciclo de vida útil, fue demolido. Posteriormente, con sus revolucionarias propuestas, Hernández Delgadillo plasmaría en la Biblioteca Central La invasión norteamericana a Panamá.

De esta suerte se llega a 1981, cuando en un ambiente de estabilidad que sobrevino al truncado esfuerzo por conferir a la Universidad un proyecto socialmente más sensible en la forma de organizar sus tareas sustantivas, en que tiene lugar el inicio de un intenso programa muralístico promovido desde la administración rectoral del licenciado Germán Rodríguez Jiménez y encomendado para su ejecución al Área de Difusión Cultural coordinada por el maestro Octavio Campa. El Diario del Pacífico, periódicamente publicaba noticias en relación a este acontecimiento artístico – cultural que operaría, junto con otros novedosos elementos, como forma de restablecer los deteriorados vínculos con el gobierno federal y del estado.

A inicios de ese año, una nota del rotativo arriba señalado, decía que la campaña de muralización sería en todas las escuelas de la Universidad y se calculaba pintar por lo menos veinticuatro murales, relacionados a la especialidad de la escuela o departamento que se pintara. Señalaba igualmente, que diez de las veinticuatro obras estarían terminadas el mes de marzo y que los pintores muralistas serían Juan Lamas, Víctor Sánger, Jorge Ochoa, Pedro Cassant, Jorge Brizo, Francisco Chávez, Fernando Campos y Vladimir Cora, quienes serían auxiliados por una veintena de jóvenes universitarios que se interesaban por este tipo de arte. Asimismo se afirmaba, que vendría a pintar un mural el último de los grandes muralistas del país, Chávez Morado, de quien fungirían como auxiliares los muralistas arriba mencionados.

El trabajo da inicio y con ello se genera un entorno favorable a la reflexión sobre la indicada temática. En la primera semana de febrero tuvo lugar el Seminario de Ciencias de la Comunicación por medio del cual se impartieron varias conferencias en diversas partes de la ciudad de Tepic que tenían que ver con temas concernientes a la comunicación, como el arte, el muralismo y el periodismo, entre otros. De esta forma, para mediados de mayo, estaría en la UAN el funcionario de la SEP Asdrúbal Flores para inaugurar los trabajos del XII Congreso Nacional de Difusión Cultural y Extensión Universitaria, que durante tres días se realizaría en el Aula Magna de la Escuela de Medicina Humana y en el que participarían la mayoría de universidades del país. En relación al quehacer muralístico que se llevaba a cabo, el comisionado federal señaló, que las Universidades no deberían convertirse en islas, sino que trataran de ascender con sus actividades hacia la población, en donde uno de los métodos más idóneos para lograr este vínculo, era por medio del arte.

La primera etapa de este inicial quehacer muralístico, contempló pinturas en las escuelas de Preparatoria Abierta, Comercio, Leyes y Enfermería, además tres paneles en la Biblioteca Central. Es difícil pensar en el avance y la posterior consolidación de este trabajo sin hacer referencia a la fundación, en el año de 1980, del Taller de Artes Visuales de la UAN, en cuyo seno surgiría este proyecto coordinado por Juan Lamas, pero con la destacada presencia de Pedro Casant. Víctor Sánger, Jorge Brizo y Fernando Campos Dorado. Este período de trabajo en pinturas monumentales, fruto de sus inquietas mentes creadoras, fue reconocido a nivel nacional como caso único de muralización integral. Posteriormente, la obra muralística continuó con sus propios ritmos y se extendió a planteles formativos y áreas departamentales.

En los tiempos recientes, en este fecundo trabajo de descubrir y señalar la realidad por medio del arte, los precursores artistas, en gran medida, han sido relevados por sus proles, quienes a su vez han incorporado a jóvenes que desean realizar un proyecto de vida entorno a este afán, como se ha podido observar con José Jaudiel Partida y Pedro Ca. Ellos son quienes, de un año a la fecha, realizan diversas tareas destinadas a la restauración de obras que efectuaron sus padres en colaboración con otros artistas. También promueven técnicas para obtener las mejores réplicas posibles de estas obras cuando, lamentablemente, se ha decidido echar abajo inmuebles que concluyeron su ciclo de vida útil. Las notas en redes sociales con frecuencia exponen que Pedro Ca restaura la obra: La Odontología al Servicio del Hombre, que José Jaudiel participa con académicos de UACBI para ver elementos que debe contener un próximo mural destinado a este plantel, o bien, que los dos están en la Escuela de Turismo buscando, por diversos medios, los elementos centrales del mural El Despertar del Gigante, creado por Víctor Sánger en 1982. Ellos saben, que finalmente, lo que va a quedar será una copia del mismo, pero que ésta sea lo más acoplada al original.

No obstante, debido a la condición de confinamiento en que ha mantenido a la población el perverso entorno pandémico que se vive y que por tanto el campus prácticamente fue abandonado, escasas personas sabían que Jaudiel Brizo desde hace seis meses se encontraba, más de diez horas al día, encaramado en macizos andamios definiendo el nuevo mural con que recientemente ya cuenta la institución. Ubicado en el edificio de la Unidad Académica de Educación y Humanidades, el artista con el apoyo de su padre y mentor, el maestro Jorge Partida; y de Jorge Humberto, Saúl Tortolero y Lorena Oviedo, supo plasmar en él un reconocimiento a la comunidad universitaria y al sector salud que ha sido punta de lanza para combatir la pandemia; así como a las personas que han fallecido por este padecimiento. De aquí el nombre de «La ciencia al servicio de la humanidad», que el propio artista ha otorgado a su obra, está muy acorde con títulos que sus antecesores otorgaron a varias de sus producciones, es decir, el sentido ético del uso de la ciencia y el potencial que ésta encierra, cuando su empleo está en función de las necesidades de los demás. De buen tino fue que la develación de este atrayente mural, efectuada el 21 de octubre del año en curso, en acto solemne presidido por el rector Ignacio Peña, tuviera como fin crear un espacio de encuentro para decir a la sociedad que la Universidad Autónoma de Nayarit, no obstante, las adversidades, sigue vigente.

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