EL SUEÑO DE SEGISMUNDO

Mira bien lo que te advierto,

Que seas humilde y blando,

Porque quizá estés soñando,

Aunque ves que estás despierto.

En “La vida es sueño” de Pedro

 Calderón de la Barca.

 

Por Efraín Moreno Arciniega

La obra de Calderón de la Barca “La vida es sueño”, me lleva a pensar, por muchas razones, lo que he vivido y ahora vivo, respecto de lo que ha sido el proceso de construcción de la democracia en nuestro país.

Como sabemos, en el drama “La vida es sueño”, Calderón de la Barca nos plantea el problema de que si todo lo que vivimos los seres humanos de bueno y de malo no será en realidad un sueño. Ello, Calderón de la Barca lo plantea de la siguiente forma:

Basilio, rey de Polonia, había encerrado a su hijo Segismundo en una torre de su castillo porque los oráculos le habían vaticinado que este hijo, con el paso del tiempo, lo destronaría matándolo.

Así, Segismundo pasa encerrado y encadenado muchos años, hasta llegar a su juventud, bajo el cuidado y vigilancia de un preceptor, que el rey Basilio, su padre, le había designado, de nombre Clotaldo.

Un día, estando el rey Basilio de buen humor, decide probar la premonición de los oráculos ordenando a Clotaldo desencadene y libere a Segismundo.

Para ello, el rey Basilio le dice a Clotaldo que narcotice a Segismundo y lo lleve así a una alcoba del palacio real, en donde despertará rodeado de lujos y de sirvientes, tal como lo que es: el príncipe Segismundo, hijo del rey Basilio.

Para ello el rey Basilio le explica a Clotaldo su plan:

Cuando el príncipe Segismundo despierte en la alcoba le explicarán su verdadera personalidad y los motivos que se tuvieron para tenerlo encerrado todo ese tiempo en una de las torres de aquel castillo.

Después de haberle desvelado a Segismundo este secreto, el rey Basilio, Clotaldo y demás cortesanos, estarán atentos a la reacción de él. Si ven que su reacción es de mucha molestia y violencia entonces lo volverán a narcotizar y lo regresarán de nuevo a su prisión en la torre. Porque haciendo esto, el rey Basilio cree que Segismundo dudará de que todo lo que le aconteció en la alcoba haya sido verdad. Y pensará que todo lo que vivió no fue más que un sueño.

Así, cuando Segismundo fue narcotizado y llevado a una de las alcobas de palacio y le fue desvelado el secreto; la reacción de su parte fue de mucha molestia y violencia; y tal como fue planeado ante ello, fue narcotizado de nuevo y encerrado en la torre otra vez.

Y, efectivamente, Segismundo al verse otra vez en la torre encadenado, pensó que lo que había supuestamente vivido no había sido real, sino que había sido sólo un sueño.

Trasladando esta metáfora de Calderón de la Barca a lo que hoy estamos viviendo en México puede decirse que cuando Segismundo fue encadenado por la primera vez había un país que se caracterizaba por lo siguiente:

El presidente tenía todo el poder absoluto de la nación. 

Los asuntos del Estado estaban secuestrados por la élite que gobernaba. 

Los diputados y senadores de la república eran empleados del presidente. 

A las iniciativas del presidente el legislativo no le podía cambiar una sola coma. 

Se intimidaba, se perseguía y se mataba, a quienes eran opositores al gobierno. 

Las elecciones las organizaba el gobierno y nunca este perdía una elección. 

Todos los programas sociales el gobierno los utilizaba como una política clientelar diciéndole a la gente que gracias a él ellos podían recibir dichos beneficios. 

La gente del gobierno acarreaba personas a las urnas para que votaran a su favor. 

Cuando en algún lugar del país, la elección se le ponía difícil al gobierno, este se robaba las urnas y decía que su candidato había ganado por mucho.

Cuando el Rey Basilio desencadenó y saca del confinamiento al príncipe Segismundo, este vio el siguiente México:

El presidente ya no era omnipotente; estaba acotado por la ley. 

Los diputados y senadores ya no eran empleados del presidente. 

El gobierno ya no organizaba las elecciones; ahora las organizaba un órgano autónomo ciudadano que sí contaba los votos y ganaba el que tuviera mayoría. 

Los poderes legislativo y judicial empezaban a ser  independientes del poder ejecutivo.

 Las minorías políticas tenían representación en las cámaras de diputados y senadores.

 Ahora sí se discutían en el Congreso de la Unión las iniciativas y propuestas de ley, incluyendo las que enviaba el presidente.

 Se prohibió utilizar los programas sociales como políticas clientelares del gobierno.

 Los funcionarios no podían intervenir en los procesos electorales.

En el segundo confinamiento de Segismundo, que es cuando este empezó a dudar de lo que vivió, el país volvió a ser lo que era:

Un presidente omnipotente que no respeta la ley.

 Diputados y senadores otra vez empleados del presidente.

 Intimidación y persecución de la oposición.

 Intromisión ilegal de los funcionarios en los procesos electorales.

 Uso clientelar de los programas sociales.

Los poderes legislativo y judicial subordinados al poder ejecutivo.

Lo único que ha cambiado del primero al segundo encadenamiento a Segismundo es que la oligarquía que gobierna este país también ha cambiado.

Aunque hemos de señalar que en esta obra de Calderón de la Barca el pueblo se dio cuenta que el rey Basilio lo había engañando y lo destrona, poniendo en su lugar al príncipe Segismundo.

Así pues, en “La vida es sueño”, Calderón de la Barca nos dice que es imposible que un mal gobernante pueda engañar a su pueblo todo el tiempo. Aunque termina dándonos a todos un consejo:

Más sea verdad o sueño,

obrar bien es lo que importa:

si fuera verdad, por serlo;

si no, por ganar amigos

para cuando despertemos.

¡Un saludo lleno de aprecio para Todos!

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