El horario de Dios

Por Andrés García Torres

Cuando sale de nosotros la expresión: “Te lo dije”, supone una expresión de soberbia y superioridad, que actualmente hemos auto sancionado con anteponer a la frase lo siguiente: No me gusta decir…pero “te lo dije”. Refiere pues al hecho de haber comentado algún tema con nuestro interlocutor, en el breve tiempo pasado y que las circunstancias asomen de nuevo a lo ya discutido, con un sentido favorable o atinado a nuestra opinión.

En entrevista para Heraldo Radio (Extinta en su versión Nayarit) comentaba sobre aquel tema de la Consulta Popular, en la inutilidad de preguntar (sin una autentica petición social y sentida de parte interesada) sobre la permanencia del Titular del Poder Ejecutivo en su encargo. El periodo es de seis años y se renueva con elecciones democráticas, -eso es justo el sistema republicano-, la sucesión del poder cada determinado tiempo, establecido en la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos y con unas reglas del “Juego Limpio” que en este caso sería las de carácter electoral.

En aquella ocasión mencioné otro tipo de asuntos que pudieran ser de mayor interés para una consulta popular, donde debería preguntársele a la población, sobre su vigencia o no, o sobre la ejecución de tal política pública o hasta cobro de impuesto desmedido o irracional. El ejemplo que se me ocurrió al momento de la entrevista en vivo fue el del “Horario de Verano”, mencioné que se debería preguntar a la gente sobre su vigencia o no hoy día. Porque en realidad, cuando se instrumentó en México allá por los años 90´s a nadie se le consultó: Al puro estilo de la aplanadora legislativa se votó -tengo entendido- en el Congreso de la Unión en la LEY DEL SISTEMA DE HORARIO EN LOS ESTADOS UNIDOS MEXICANOS, mientras los representados, -que somos Juan Pueblo-, dormidos en nuestros laureles, sin saber la descobijada que nos iban a dar los señores Diputados Federales allá por el año 2001.

Nunca me gustó el adelantar el reloj una hora, de por sí soy muy malo para conciliar el sueño, cuando finalmente me quedo dormido ya es hora de levantarme y con una hora menos, andaba todo el día abrumado por no decir de otra manera. Algo en mi interior me decía que ese horario “No era de Dios”.

Bueno, ahora celebro que se hagan los esfuerzos, o validaciones a nombre del respetable público, mediante una encuesta, (sic.) el hecho o conveniencia de eliminar ese famoso horario que es algo así como el purgatorio de los que no podemos dormir de un jalón nuestras siete u ocho horas para el debido descanso diario. El supuesto ahorro económico vende sueños que nos hicieron creer hace dos décadas, -como era de imaginarse- no es tal y los daños a la salud en los somnolientos es demasiado evidente. Ya se darán las explicaciones mañaneras a manera de ciencia; una encuesta (supongo yo que, por teléfono, msj de texto o redes sociales) y adiós el innombrable horario de verano. La discusión sobre si es un instrumento constitucional o legal (La encuesta) como la tan jaloneada “Consulta Popular” pasa a ser un segundo plano, sólo asequible para los dogmáticos que gustan de leer la Constitución: ¡Con la pura intención basta!

Lo que vale es la eliminación de la -No fundamental- reducción del descanso humano en aras de un supuesto ahorro económico que en mis bolsillos y en los suyos no fue tal. Lo evidente fueron las ojeras, el desvelo y la inconformidad de abandonar la cama fuera del Horario que Sí es de dios. Mi vecino tiene un Gallo y varias gallinas, -ese sí sabe- de horarios.

¡Que le pregunten al Gallo¡

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