Hombre mediocre

Por José Guadalupe Rocha Esparza

Nuestra vida no es digna de ser vivida sino cuando la ennoblece algún ideal con cierto nivel ético. Individualmente considerada, la mediocridad es la ausencia de características personales que permitan distinguir al sujeto en sociedad. Las existencias vegetativas no tienen biografía. Para la historia, sólo viven los que deja rastros en las obras o en los espíritus.

No ha vivido más el que cuenta más años, sino el que ha sentido mejor un ideal; las canas denuncian la vejez, pero no dicen cuánta juventud la precedió. Vivir es aprender, amar, admirar, esforzarse por mejorarse y elevarse hacia ideales definidos. Muchos nacen; pocos viven. Enemigos de toda perfección son los testarudos, bigardos, serviles, incoloros y salaces.

Es mediocre el timorato e indeciso; el frío, apático o acomodaticio; el vulgar o rutinario. Está fuera de su órbita la virtud, la dignidad, la quimera, el ensueño o la pasión. Mira siempre al pasado. Troca su honor por una prebenda. Cuando se arrebaña es peligroso. Subvierte los valores, falsea nombres, desvirtúa conceptos. Artista de la simulación; una masa inerte.

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