Vamos a echarnos un cafecito

Por Sergio Mejía Cano

El presidente Andrés Manuel López Obrador (AMLO), minimizó los actos violentos que se dieron la semana pasada en los estados de Guanajuato, jalisco y Baja California, diciendo que algunos medios los magnificaron; pero que los hechos no fueron tal y menos con los 260 muertos que alguien señala.

Desde luego que los actos violentos sí se llevaron a cabo, que no hayan sido tal y como lo informaron algunos medios informativos, esto lo podrían asegurar nada más los habitantes de dichos estados del país y, desde luego, los familiares de los supuestos fallecidos por la violencia que se generó.

Lo que sí sería más prudente sería preguntarse a quién benefician todos estos actos violentos; porque si bien la Secretaría de la Defensa Nacional, afirma que se dieron por diferencias entre grupos de la delincuencia organizada al pelear las plazas, también sería bueno preguntarse por qué no se impidieron. Aunque esto último es poco probable que se pueda llevar a cabo por más inteligencia con la que trabajen las fuerzas del orden, porque está comprobado que, cuando alguien desea hacer algún daño, a como dé lugar lo lleva a cabo y no hay quien lo detenga hasta después de cometido el hecho y, eso de la detención también estaría en veremos, pues se han presentado casos de total impunidad en donde la mayoría de los hechos delictivos quedan sin que haya detenidos o culpables señalados y, si los hay, en muchas ocasiones se llega a descubrir que fueron chivos expiatorios o supuestos culpables armados nada más para satisfacer a la opinión pública y dar a entender de que se está trabajando en favor de la justicia. Se podría decir que hay muchos casos de estos en que han pagado y están pagando justos por pecadores.

Y en cuanto a que, si alguien desea cometer un acto delictivo, ya sea un robo o hasta un asesinato, lo podría llegar a hacer aplicando aquello de que mientras esté el gato a la vista, el ratón no sale de su madriguera; porque es obvio que no puede haber policías en cada esquina o vigilando a todos y cada uno de los ciudadanos.

Por desgracia no recuerdo en dónde leí, y no pude hallar alguna referencia; pero lo que sí es seguro es que alguna vez se comentó que en el entonces Distrito Federal, hoy Ciudad de México, allá por los años 50 del siglo pasado, cuando los agentes de tránsito comenzaron a aparecer uniformados con ropa color caqui y café, lo que dio pie a que gran parte del pueblo los denominara como “tamarindos”, también hubo quien les llamara “cafecitos” y, en ese artículo que leí ya hace muchos años, se decía que, algunas personas con malas intenciones se ponían de acuerdo y decían: “vamos a echarnos un cafecito”, y se iban a deambular por las calles de la ciudad y sin mediar nada, al mirar a un agente de tránsito en alguna de las esquinas dirigiendo el tránsito vehicular, le disparaban sin más y huían, y muchas de las veces no se llegó a descubrir a los autores del hecho, quedando esos asesinatos en la total impunidad.

Así que en esta misma tónica, podría existir la posibilidad de que gente malintencionada y nomás para moverle el tapete de la seguridad a la actual administración federal, se decidan a incendiar vehículos y tiendas de conveniencia, y no tanto que sean enfrentamientos entre bandas delincuenciales antagónicas entre sí; sin embargo, como para cometer esta clase de ilícitos se ocupa dinero, tal vez gente con recursos económicos incomodados con esta administración, contraten personas dispuestas a cometer estos actos con tal de recibir alguna paga más o menos considerable, pues es bueno recordar también que para todo hay gente.

Lo malo en todo esto es cuando ya se ataca población inocente y que no tiene nada que ver y, aunque se les diga daños colaterales, la agresión a la población no tendría por qué darse, es por eso que se despierta la sospecha de que haya mano negra detrás de estos hechos delictivos, pues se sabe que, en caso de ser enfrentamientos entre bandas antagónicas, la mayoría de las veces no se toca a la población, sino que los ataques se dan entre esas posibles bandas de la llamada delincuencia organizada que, por desgracia y como dijo Vicente Fox alguna vez, es lo único organizado en este país.

Y malo también que de inmediato, se le eche la culpa al gobierno federal y no se cuestione la actuación de las policías estatales y municipales de los lugares en donde sucedieron estos hechos; sospechoso que para pronto se le cargue todo al gobierno federal y, por ende, al presidente López Obrador.

Sea pues. Vale.

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