Mexicanas y mexicanos que se sienten miembros de la realeza

Por Sergio Mejía Cano

A pesar de que los títulos de nobleza no existen en nuestro país, hay algunos mexicanos que se sienten atraídos por los monarcas de otras naciones en donde aún hay y, si bien ya en la mayoría de esos países son puras figuras decorativas, se les rinde pleitesía tal y como si su reinado siguiera siendo quien marcara el rumbo de esas naciones monárquicas.

Lo curioso es que esos mexicanos que se sienten fascinados con esos monarcas de otros países que, cuando nos han visitado, su admiración es tal como si se tratara de seres divinos y no de simples mortales como cualquier otro humano.

¿Qué es lo que diferencia a los comunes mortales de los monarcas que aún existen hoy en día? Pues claro que el estatus económico; pero más, el que sus antepasados fueron más vivaces que los ancestros de todos los demás; y, de que algunos de esos ancestros se pusieron más abusados que otros engatusando a sus coterráneos de que por mandato divino habían sido designados sus soberanos y, otros más, asesinando o derrocando a los que ya tenían ese poder de haber embaucado a los demás y así, apoderarse del trono.

Ahora con el fallecimiento de la reina de Inglaterra, Isabel II, hubo mexicanos de ambos sexos que también se sintieron morir e incluso se informó que hubo hasta una comunicadora, Martha Debayle, que lloró durante la trasmisión de su programa radiofónico, como si hubiera muerto su propia mamá y no alguien tan lejano como dicha reina inglesa. Pero se entiende, pues esa comunicadora no es mexicana de nacimiento; pero sí latina, pues su origen es nicaragüense, así que como latinoamericana que es, genéticamente siente lo que muchos latinos sentimos: la necesidad de un soberano, una especie de monarca, un dirigente y ya en algunos casos, de un líder que nos guíe y nos diga qué hacer.

Hace muchos años oí a un estudioso del comportamiento humano decir que genéticamente la mayoría de la humanidad trae ese chip de creer en alguien superior, así no sea una divinidad, sino otro ser humano y más, cuando otras personas sienten admiración por alguien que les demuestra más conocimientos, conocimientos con los que apantalla a esos que lo admiran y que por lo mismo le llegan a temer y hasta respetar en algunos casos; pero todo viene de la vivacidad de esos individuos que supieron aprovecharse de la ignorancia de sus paisanos y así encumbrase por encima de ellos, haciendo que los mantuvieran de todo a todo.

Así que por si fuera poco, me he topado con compañeros, camaradas, familiares, conocidos, amigos y gente de todas las edades que tienen la plena creencia de que los monarcas lo son por mandato divino, que son lo que son designados por el dedo de Dios; sin embargo, al mostrarles información de cómo algunos reyes más contemporáneos, como en Asia y África, se han hecho de sus reinos mediante la violencia derrocando a otros reyes quienes a su vez, también habían derrocado a sus antecesores, como que se frustran al comprobar fehacientemente que esas designaciones no tienen nada que ver con ningún mandato divino, sino por avaricia, envidia y sentido criminal lo que los ha llevado a reinar.

Está el claro ejemplo de la hoy reina consorte Letizia Ortiz, casada con el rey de España Felipe VI. Una mujer que vivió una temporada en nuestro país ejerciendo el periodismo y, durante su estancia en México ni quien la pelara como una potencial soberana de la península ibérica; sin embargo, ahora mucha gente se le inclina no nada más en su país, sino también hay gente en nuestro país que ahora la venera y hasta adora, como si hubiese bajado del cielo, con la posibilidad de que esos mexicanos de ambos sexos que ahora idolatran a Letizia Ortiz, de que alguna vez se hayan cruzado con ella en la calle cuando estuvo aquí, y tal vez ni siquiera la voltearon a ver, a mirar y mucho menos a observar, claro que algunos machitos mexicanos sí la hayan volteado a ver por ser una mujer hermosa; pero hasta ahí.

El fallecimiento de todo ser viviente es triste, y hasta doloroso cuando se trata de algún ser querido o allegado; pero que el fallecimiento de la reina Isabel II les haya movido los sentimientos a mexicanos a los que dicha reina ni en el mundo los hacía, pues sí que está de pensarse.

Se entiende que las comparaciones son odiosas; aunque a veces necesarias; pero hay mexicanas y mujeres de otras partes del mundo que han contribuido al bienestar de la humanidad siendo luchadoras sociales, haciendo mucho más bien que lo hecho por la hoy desaparecida reina de Inglaterra.

Sea pues. Vale.

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