Por Sergio Mejía Cano

Alrededor del medio día de este pasado miércoles 27 circuló una noticia en el portal de internet de El Universal, de que en Mérida, Yucatán, habían sido incendiados el carro y parte de la casa de una enfermera, lo que había ocasionado cuantiosos daños económicos, aunque ninguna desgracia personal. Y casi de inmediato la noticia se desparramó en las redes sociales debido a que últimamente personal médico ha sido agredido supuestamente por ser posibles portadores del mentado coronavirus.

Y si bien en la primera noticia del Universal se especificó claramente que la agresión no fue en sí por la profesión de la enfermera, sino debido a viejas rencillas con algunos vecinos, posteriormente en las redes sociales y en algunos portales se le quiso dar el matiz de que sí había sido atacada esta señora por su profesión; y hasta en un video en donde supuestamente habla la enfermera, ella misma señala que no se vale que por ser lo que es sufra este tipo de agresiones.

Pero como sea, el caso es que en verdad es indignante agredir al personal médico que ha estado poniendo todo su empeño en sus labores en aras de la salud de quienes tienen la desgracia de sufrir alguna enfermedad; porque si hay alguien a quién rendirle respeto absoluto es a médicos y enfermeras, así como al personal docente que comprometidos con su profesión no escatiman nada en bien de los demás. Aunque claro está, que hay de todo como en botica, porque así como existen profesionales de la medicina en todos sus aspectos, también los hay que están ahí por rebote, por influencias o porque esa profesión les cayó como regalo y que si bien son los menos, son los que han puesto la nota mala entre este personal; sin embargo, la mayoría cuentan con una orientación vocacional que les nace y que la practican a fondo.

Y como por unos pierden todos, tal vez de ahí vengan las agresiones, pues se ha documentado que algunos de los familiares de enfermos han sido maltratados no nada más por médicos y enfermeras en forma déspota, sino más por el personal administrativo; aunque también en estos casos se habría de tomar en cuenta el estrés por la carga de trabajo del personal médico, en donde hasta el más ecuánime y centrado se quiebra por el cansancio que desajusta enormemente su estado de ánimo.

Aunque también en esto de las agresiones podría tener mucha culpa el exceso de información respecto al coronavirus, porque se ha dicho que se porta en la ropa, en los zapatos y en sí, que está en todos lados, así que el escaso cerebro de algunas personas las hace comportarse como en la edad media de que nomás por señalar a una muer como bruja la quemaban. Pero no nada más en la edad media, sino que en nuestra época se han dado casos de linchamientos en algunas comunidades en donde la gente se deja guiar y es azuzada por otros más listos que aprovechan la ignorancia de esa gente que es fácilmente manipulable; tal y como sucedió en San Miguel de Canoa, Puebla, en donde fueron linchados unos excursionistas que pretendían subir a La Malinche, y que eran trabajadores de la Universidad de Puebla y, que los pobladores fueron manipulados por los caciques del pueblo, así como el sacerdote de la iglesia que no dejaba de invocar al “príncipe San Miguel” para que los liberara de los malos comunistas. Y si se creía superada esa etapa en la vida de nuestro país, a cada rato se prende el síndrome de Canoa, pues sigue habiendo linchados y quemados sin que se les compruebe si son culpables o no.

Y en cuanto al maltrato que sufren algunos o la mayoría de los derechohabientes en el Sector Salud, un jubilado del ferrocarril acudió el pasado lunes 25 al Hospital General de Zona número 3 en Mazatlán, Sinaloa, a recoger sus medicamentos, pero le faltó un antibiótico recetado por el urólogo, por lo que le dijo a la asistente médica que si le decía al médico que si se lo podían proporcionar, la asistente después de entrar con el doctor le dijo al jubilado que debía haber traído la receta, a lo que el jubilado le comentó que así le dan la medicina, que con tan solo revisar la computadora ahí aparece que se le tiene que proporcionar, pues así ha funcionado la cosa desde hace más de seis meses, pero no, que debía traer la receta porque cambiaron las cosas. Así que lo mandaron con la directora de medicina familiar, y la misma respuesta, y que fuera con el subdirector del Hospital y éste lo trató en forma por demás despectiva diciéndole que no creyera que iba a causar lástimas, que trajera su receta.

Sea pues. Vale.

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