EL COMPLEJO DE SUPERIORIDAD NO EXISTE

Por Sergio Mejía Cano

Históricamente el próximo 13 de agosto de 2021 se cumplen los 500 años en que cayó el último reducto de defensa de la Gran Tenochtitlan, en Tlatelolco, en donde hay una placa conmemorativa que llama a la reflexión, pues dicha placa reza que “No fue triunfo ni derrota, fue el doloroso nacimiento del pueblo mestizo, que es el México de hoy”. Y a pesar de que la mayoría de los mexicanos de ahora somos mestizos, entre nosotros mismos existen marcadas diferencias en cuanto a racismo y discriminación.

Desde luego que estas marcadas diferencias las hacemos más hacia las naciones prehispánicas, pueblos que aún persisten hasta nuestros días en que sus componentes poco o casi nada han revuelto su sangre con mestizos o de otras razas y etnias; pero lo curioso es que entre los mestizos no nada más despreciamos a los descendientes de los antiguos habitantes de este continente, sino que nos discriminamos entre sí, debido a que hay mexicanos, claramente pertenecientes a la “raza de bronce”, es decir, mestizos, que al saber que en sus venas corre sangre española, la creen superior a la sangre nativa que también llevamos, por supuesto. Así que quienes se sienten más descendientes de los españoles que de cualquiera nación del continente ahora llamado América, en cierta forma se creen superiores a los que la sangre autóctona los ha marcado más en su persona.

Y cosa curiosa más todavía, pues según varios analistas, el complejo de superioridad no existe, sino que es el subconsciente el que marca en las personas el creerse superiores a los demás, pero que es precisamente una inferioridad mental la que los hace creer esto.

En sí, los mestizos mexicanos podríamos tener una buena revoltura de sangres que ni nos imaginamos, pues los iberos que llegaron a este hemisferio occidental en el siglo XV, y los que nos invadieron ya en forma en el siguiente siglo y demás subsecuentes, ya habían sido invadidos por otras naciones tanto del mismo continente europeo como del asiático e incluso del africano, predominando en lo que ahora es España, los árabes que según lo documentado estuvieron en la península ibérica durante casi 800 años, ocho siglos en donde posiblemente por lo mismo, la sangre original de la península se fue difuminando paulatinamente, hasta llegar a una revoltura de sangre que por ende les llegó a los habitantes de lo que hoy es el continente americano, por lo que ahora en lo que se denomina México, no hay mexicanos de sangre pura, más que los componentes de las ahora llamadas etnias autóctonas, aunque existe la posibilidad de que no todas, porque podría haber naciones autóctonas que en alguna forma ya se revolvieron con mestizos; al menos en los nombres y apellidos que llevan en la actualidad, y que derivan de los españoles. Sin embargo, la poca sangre indígena que corre por las venas de los mestizos, es más pura que la española.

Y a propósito de apellidos, ninguno de los mexicanos mestizos llevamos apellidos de alcurnia, de nobleza o linaje puro, ya que todos los Pérez, los Hernández, los Rodríguez, los Mejía, los González, etcétera, son apellidos españoles que impusieron a nuestros ancestros ya una vez dominados, los hacendados que tenían a su servicio a infinidad de nativos a los que a todos les impusieron el apellido del hacendado que los tenía esclavizados.

Así que ¿para qué despreciarnos, discriminarnos y aplicar el racismo entre nosotros mismos? ¿Nada más porque unos tienen más dinero que otros? Porque eso de sentirse superiores unos mexicanos a otros nomás por el estatus económico, pues como que no va, porque a fin de cuentas somos habitantes y componentes de un mismo país; además del entendido de que entre los seres humanos no existe ninguna superioridad, de la raza que sean no hay diferencias en cuanto a los componentes orgánicos; que haya diferencias de conciencia, de cultura, de educación, de civilidad y comportamiento humano en sí, obviamente que eso es otra cosa, pero superioridad entre humanos, desde luego que no puede haber. Y si acaso hubiese algún rasgo de superioridad, esta sería mental y nada más; quedando claro que la inferioridad mental estaría más marcada entre los que discriminan a los demás y por supuesto, a los que discriminan a otras personas por raza, religión, sexo y pensamiento. Quienes discriminan y tienen en mente ser de raza superior, son los más inferiores mentalmente, por lo que nos deben de dar lástima los que miran por encima del hombro a la demás gente que no la considera su igual.

Sea pues. Vale.

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