UNA POSIBLE VÍCTIMA MÁS DE LAS CIRCUNSTANCIAS

Por Sergio Mejía Cano

Evidentemente que el hecho de que por el momento, el ahora imputado, Emilio Lozoya Austin, no vaya a pisar la cárcel, desde luego que levantó ámpula en varios sectores de la sociedad, en el supuesto de que no debe haber privilegios entre los acusados; porque si se le ha estado señalando de diversos delitos en contra de la propiedad de la Nación, es obvio que la Fiscalía General de la República (FGR), tiene los sustentos suficientes. Así que ya han salido voces de analistas diciendo que esto es algo inaudito.

Hay quienes ya están pensando en un cierto tipo de debilidad de la actual administración federal; sin embargo, ya se ha estado informando de que la situación del imputado está en calidad de “testigo colaborador”, y que irá cantando o soltando la sopa señalando a los involucrados en toda esta gama de perjuicios a los bienes nacionales. Involucrados que ya pusieron el grito en el cielo pidiendo pruebas de lo que ha estado diciendo el hoy imputado que según los medios informáticos, están desde excandidatos presidenciales, hasta altos funcionarios de la pasada administración; y posiblemente de la actual.

También se oyen voces que cómo es posible que una persona que está presa por haber sustraído un desodorante o una prenda de vestir en alguna tienda departamental o de conveniencia, de inmediato sea aprehendido y sentenciado o en algunas ocasiones hasta sin un proceso debido pase varios años en la cárcel, y este supuesto delincuente de cuello blanco tenga estos privilegios de estar hospitalizado, y cómodamente llevar su proceso en forma virtual.

En su alegato, aduce el señor Lozoya que entre otras cosas fue obligado, inducido, presionado, para hacer todo lo que se le imputa. Ni modo que Lozoya sea un niño de pecho o un robot con un chip implantado para no saber ni estar consciente del daño que se le estaba infringiendo al país, al estar entregando la energía perteneciente a todos los mexicanos, a manos extrajeras. Y ni modo que no entendiera que al estar recibiendo enormes cantidades de dinero, tal y como se le ha señalado, fuera algo indebido y que bajo ninguna circunstancia se debería hacer.

Desde luego que esta afirmación de descargo del exdirector de Pemex, de haber sido obligado a hacer lo que se dice que hizo, no tiene ningún sustento moral, porque entonces qué tal que lo hayan obligado a matar a una o varias personas y alegue en su defensa que fue obligado o decirse víctima de las circunstancias.

Lo que queda cierto, es que sí sabía lo que estaba haciendo, porque si no fuera así, ¿entonces por qué huyó? De haberse sentido sin responsabilidad alguna, se queda en el país y se hubiera presentado ante las autoridades señalando de inmediato a quién lo obligó a hacer cosas indebidas, y no hasta ahora que se está destapando la cloaca, sino desde un principio cuando comenzó a llegarle grandes cantidades de dinero sin ton ni son, ¿o no es así?

Así que por el hecho de que Lozoya Austin no haya pisado la cárcel, hasta el momento, de inmediato ha puesto a pensar a gran parte de la opinión pública, despertando toda clase de especulaciones, desde que ya existe un arreglo más a fondo del que se dice por parte de las autoridades de que se le está cuidando por todo el repertorio que supuestamente va a dar a conocer, en donde se dice, que salen embarrados varios exlegisladores y legisladores en funciones, así como expresidentes y altos funcionarios que están en todas partes. Sin embargo, el privilegio del que ha sido objeto este exdirector de Pemex, da en qué pensar, pues por más información que pudiera tener, lo más probable es que de puro ruido mediático no pase más allá; pues pronto saldrá a la luz otro caso que distraiga la atención y así, poco a poco ir diluyendo el caso Lozoya.

También se ha estado especulando que posiblemente, Emilio Lozoya tenga en su agenda algún detallito que involucre al actual fiscal Alejandro Gertz Manero, en el entendido a que posiblemente en su larga trayectoria en servicio público, y en el servicio que atañe a la seguridad, posiblemente haya metido la pata en más de una ocasión y que se le guardó el dato para mejores tiempos, y de ahí que por eso la condescendencia para con Lozoya y no sugerirle al juez que pusiera en prisión preventiva a Emilio Lozoya, por aquello de su posible huida; porque así se le haya puesto un brazalete, con personas bien entendidas en estas cosas, no sería difícil desactivarlo, y así volver a emprender la huida y ¡ahí se ven!, hasta nuevo aviso. ¿A poco no?

Sea pues. Vale.

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