A LA SOMBRA DEL FUERO HISTÓRICO.

“La unidad, para ser real, debe

de soportar la mayor de las

tensiones sin romperse”

Mahatma Gandhi

Por Dr. Pedro Gonzáles Castro y

Dr. Rutilo Tomás Rea Becerra

A dos años del triunfo de López Obrador se han ido consolidando las primeras partes de un proyecto de cambio. Acabar con la corrupción, reducir la violencia y abordar la pobreza generalizada como ejes centrales para el cambio, lo que ha sido para muchos, un proceso de especulación, pues les resultaba increíble que ello pudiera suceder en la tierra donde nunca pasa nada y el interés gravitaba en torno de “la paz política”, a costa de lo que fuera.

Para muchos actores que gozan de la sombra de un fuero histórico, los de “primera división”, el cambio ha representado un golpe que puede ser mortal, pues quedan al margen del formato de los códigos no escritos, aquellos que garantizaban el oportunismo legitimado tácitamente entre las relaciones de poder, y dejaban al grueso de la grey “a cargo de los honores” hacia los héroes nacientes en cada sexenio.

A quien sabe de construcción le queda claro que, para levantar una casa, lo más importante para su solides y seguridad son los cimientos, ese conjunto de elementos estructurales cuya principal misión es transmitir sus cargas sobre el suelo, distribuyéndolas de forma segura para que no superen su presión admisible. Desde luego es la parte que más consume recursos, pero es la menos prescindible; la menos tomada en cuenta en una sociedad de consumo en donde impera la obsolescencia programada.

Quienes hicieron un México a su imagen y semejanza, creyeron que nunca cambiarían las estructuras del poder, desde el triunfo de López Obrador, han utilizado todos los medios a su alcance para detener las nuevas formas de hacer la política. Creyéndose poseedores de las “fórmulas mágicas” han hostigado al pueblo hasta el cansancio creyendo encontrar eco a sus demandas, desde medios tradicionales, impresos y redes sociales han intentado proteger sus intereses, pero se les olvida que esto es una revolución, y la consolidación del cambio se dará en el tiempo que sea necesario.

No desconocemos, desde luego, que la lucha implica un trabajo ideológico de fondo, en donde cada uno de nosotros deberá diferenciar entre los intereses personales y los de grupo, dando vida a una comunidad de intereses en la que no se requiere del acuerdo, sino partir del consenso a fin de establecer el nivel de significancia de los intereses comunes y divergentes. En donde, a través de la división del trabajo se logre la unidad de acción reflejada en una eficiencia tanto cualitativa, como cuantitativa.   

Indudablemente que la heterogeneidad de la izquierda requiere de actores audaces que logren vertebrar la serie de cambios requeridos, sin embargo, muchos de ellos no están al margen del particularismo regional. Algunos de los ahora insaculados, aunque se presuman de perfil modesto y de medianas credenciales, han estado gozando de un fuero histórico emanado de los antiguos grupos de poder, muchos de los cuales están urgidos de un reconocimiento político y desde luego, no desperdiciarán la oportunidad que brinda la ocasión.

Sumando a ello, el lastre que ha generado el ejecutivo del estado de Jalisco al convertir el tema de la pandemia en una narrativa política, que lo mismo usa como ariete para golpetear al gobierno federal, que, como estrategia para seguirse desentendiendo de los temas de desapariciones forzadas, las olas de asesinatos, los feminicidios, la violencia intrafamiliar, los robos, la pederastia, la pedofilia, las enfermedades emergentes, las reemergentes, el artificioso desabasto de medicamentos, etc.

Ante toda esta avalancha de fenómenos, es impostergable promover la movilización permanente y la formación política con orientación inclusiva. Debemos seguir trabajando por estructuras de gobierno con formas de democracia horizontal, donde los diversos sectores sociales participen en la toma de decisiones, en donde se fomente la cooperación y la pertenencia a estructuras colectivas de decisión, en donde se promueva a través de asambleas la unidad de principios y la unidad de acciones.

Como mencionamos al inicio, el cambio estructural será lento y, como estrategia, deberán aprovecharse convenientemente los factores y las circunstancias que se presenten con fin de transformarse y al mismo tiempo mantener la coherencia de principios en función de la coyuntura. Ello, muy probablemente implicará que la acción inmediata deberá ser la que mejor funcione, por lo que habrá que ser cuidadosos ante las posibles reconfiguraciones políticas y económicas.

Mientras tanto, tengamos presente que una cosa es una recomendación amistosa, intercesión tolerable, y otra muy distinta es una intervención política, intromisión inaceptable. La solución a la problemática política de MORENA en Jalisco deberá gestarse tomando en cuenta las bases simpatizantes y no solo la “plataforma de las elites”.

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