UN CASO QUE PODRÍA TENER MÁS FONDO

Por Sergio Mejía Cano

La detención del jefe de la policía municipal y otros elementos más de Compostela, Nayarit, podría no ser un caso menor, del que al rato se diga que todo se debió a una confusión, a un error táctico y que por lo mismo, pronto estén libres estos elementos policíacos, posiblemente también ayudados por alguien de mucha influencia en el estado; pero no en el país.

Y tan no puede ser considerado un caso menor, porque si la Guardia Nacional estuvo involucrada en su detención y además, a petición de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), y que por esto, la Fiscalía Nayarita no tuvo de otra más que proceder, entonces se podría deducir que hay mucho de fondo en este asunto; porque según información de algunos compostelanos, dicho jefe policíaco y algunos otros de sus elementos ya tenían sobre sus hombros varias acusaciones a las que no se les daba el trámite requerido, por lo que las quejas de su mal actuar, nada más circulaban entre la población y no así ante las instancias correspondientes, porque no se les hacía caso.

Pero como todo o casi todo, se va descubriendo y llega a salir a flote, ahora ha llegado quizás el momento en que se sepa si en verdad estos policías están involucrados en desapariciones forzadas no nada más de una persona en sí, que es uno de los casos más sonados recientemente, sino de varias personas de las que no se sabe nada de nada y que alguien vio o intuyó que esa gente hoy desparecida, habían sido detenida por policías municipales.

Desde luego que por el momento todo se está prestando a meras especulaciones; sin embargo, cabe el dicho de que cuando el río suena es porque agua lleva, así que ojalá y se llegara, ahora sí, al fondo del asunto. Y que no vaya a salir alguna autoridad de altos vuelos a decir que “se llegará hasta las últimas consecuencias, caiga quien caiga”, porque es muy sabido en nuestro país que cuando se pronuncian estas palabras, lo más probable es que todo quede en nada o que caigan chivos expiatorios, como en el caso del periodista Manuel Buendía, asesinado en mayo de 1984 y en donde precisamente el entonces presidente Miguel de la Madrid, pronunció esas palabras de que se llegaría a las últimas consecuencias, cayera quien cayera, ¿y? Pues nada, que a pesar de haberse nombrado más de algún personaje público como embarrado en el asunto, se suavizó el tema con la aprehensión y detención de un supuesto actor intelectual, Antonio Zorrilla y desde luego, la muerte del aparente actor material, al que según la información del momento, apodaban “el chocorrol”; pero hasta ahí. No cayó ninguna cabeza grande que de acuerdo a lo documentado en su momento, había hasta políticos de altos vuelos, mandos policíacos y militares.

Así que ahora, el jefe de la policía municipal hoy detenido junto con varios de sus elementos, si no tiene la fuerza suficiente para permanecer leal y callado, tal vez se le castigue momentáneamente, pero he ahí a los demás elementos que podrían señalar que nada más acataban órdenes, sí, ¿pero de quién? Obviamente de su jefe; pero ¿y éste a su vez de quién recibía órdenes? Porque es de suponer que para hacer lo que se dice que hizo, lo más probable es que no se mandara solo, porque alguien más, aparte de un sector de la población o de los familiares de los hoy desaparecidos forzadamente, se tuvo que haber enterado de lo que estaba haciendo este mando policíaco, ¿o no es así la cosa?

Cuando elementos policíacos se ven envueltos en algo sospechoso, mucho tiene que ver que los solapen sus jefes y mando superiores, dando paso a una impunidad que ha sentado sus reales no nada más en Compostela, sino en el estado nayarita y en el país entero; pues es común que se protejan entre sí tanto los mismos policías de a pie, como los mandos medios y superiores para que no se destape una cloaca de la que todo mundo sabe, pero que calla por lo que pudiera surgir en cuanto a represalias.

No por nada, en varias entidades del país a cada rato se informa de que los cuerpos de las policías municipales fueron desarmadas y que tanto la policía estatal, así como el ejército, y ahora hasta la Guardia Nacional se hacen cargo de esos municipios mientras se investiga de bien a bien si los policías que desarmaron andaban en malos pasos. He ahí los casos más recientes en el vecino estado de Jalisco, en el municipio de Ixtlahuacán de los Membrillos, y en San Juan de los Lagos, Jalostotitlán, La Barca, etcétera; y el supuesto motivo, dizque por estar involucrados al crimen organizado.

Sea pues. Vale.

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