“MÁSCARAS”: ELEMENTO TRANSFORMADOR DE LA REPRESENTACIÓN DE LA FIGURA HUMANA

>> La máscara se identifica con lo grotesco desde la obra de Goya, e irrumpe como referencia para el trabajo del rostro en el arte moderno a partir de la influencia de las máscaras etnográficas de culturas no europeas en los inicios del Siglo XX.

Por María Esther Beltrán Martínez  

Fotos/ J. Carlos Santana

Málaga, España.-El Museo Carmen Thyssen Málaga presenta la exposición  Máscaras. Está conformada por más de un centenar de piezas y comisariadas por Luis Puelles y Lourdes Moreno directora del recinto.

El museo suma medidas de seguridad para protección de los visitantes como del personal. Recursos y reglas nuevas para ver las exposiciones. Gel, letreros de guardar distancia cubrebocas obligatorio, entrada a los sanitarios con medidas y nada de información impresa. En plena pandemia los museos no paran sus actividades y se suman en ser lugares seguros para todos los que pisen estos recintos. Y hacen un trabajo enorme para mantener las salas funcionando.

En el folleto virtual que ofrece el museo explica que Máscaras, plantea una reflexión en torno a la máscara como elemento transformador de la representación de la figura humana en el arte moderno. “Partiendo de un uso festivo tradicional vinculado al carnaval y al disfraz, que pervive durante las primeras vanguardias en los personajes de la Commedia dell’arte, la máscara se identifica con lo grotesco desde la obra de Goya, e irrumpe como referencia para el trabajo del rostro en el arte moderno a partir de la influencia de las máscaras etnográficas de culturas no europeas en los inicios del Siglo XX.

Como en la secuencia de una metamorfosis, la muestra indaga en el uso de la máscara por el arte como algo absoluto, más allá de sus connotaciones tradicionales y consabidas asociadas al ritual, a lo mágico, al teatro y al disfraz, evidenciando su mutación de objeto en imagen artística. En una evolución de la máscara como objeto físico, como elemento tangible que se superpone a un rostro al que oculta o reemplaza, para abandonar progresivamente esa presencia detrás de ella, lo que acabará llevando a la pérdida de su materialidad, de independencia del rostro, y, en definitiva, a su fusión en una insólita y ambigua identidad en el retrato moderno”.

La exposición está dividida en segmentos uno de ellos es Disparates de carnaval. Y al respecto Bárbara García Menéndez explica que Máscaras, caretas y antifaces cubriendo rostros o sin nadie detrás, marca el punto de partida de esta exposición en su condición de objetos que permiten modificar la apariencia de manera directa. Plantean así el primer estadio de una reflexión sobre la transformación que, a través de diversas versiones de significado de estos artefactos y de la progresiva pérdida de su percepción como algo material separado del rostro, experimentó la representación de la identidad en el arte moderno, entre el fin-de siècle y mediados del siglo XX.

De la relación identitaria entre la persona y la máscara es ilustrativa la propia etimología de ambas palabras en español la primera de ellas significaba en latín máscara de actor y la segunda que refería en árabe un objeto de risa permite entre sus numerosas acepciones, designar a una persona enmascarada y no solo al objeto que lo oculta como si revestirse con ella,  la máscara se fusiona con la persona alterándola e imponiéndose incluso léxicamente.

El arte del período aquí abordado, la máscara es también polisémica, con significados múltiples que trasciende el sentido, dado tradicionalmente en la cultura occidental, de objeto vinculado al teatro y al carnaval.

Continúa y explica que interpretadas como una visión satírica es de su tiempo o una crítica universal de los defectos y errores humanos, las estampas de Goya dan también la máscara una dimensión social, como hará, el fin-de- siècle, el pintor belga James Ensor.  En lo grotesco personal se diluye en una masa alienada por una máscara colectiva, en una multitud deformada que significa la degradación compartida y sobre la que la máscara ha tomado el poder,  despojándose casi de su condición humana. Máscaras, esqueletos, payasos y rostros caricaturizados y deformes se agolpan en un gran desfile de carnaval que paradójicamente festeja una ficticia entrada del Cristo en Bruselas.

Aunque estas máscaras hace tiempo que se han alejado de los dioses se han vuelto repulsivamente terrenales, parece denunciar el artista.

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