RECIBE A TUS DIFUNTOS, LLEGARÁN, TE ABRAZARÁN, ESTARÁN CONTIGO COMPARTIENDO ESA OFRENDA

Por Socorro Valdez Guerrero

Comenzó aullar. Su llanto insistente, llamó la atención, parecía de dolor, ¿o era aviso? No lo sé, se escuchaba a lo lejos e indudablemente me llevó a pensar, ¡la muerte ronda! Y sí, a sólo unas cuadras estaba la muerte, esa que se lleva a las personas de tajo. A los que asesinan, a quienes el virus los arrancó de su hogar, a los que lo murieron por aquel temblor. Y el perro, seguía ahí, sin distinguirse ni verse.

Sólo era su angustia que se sentía, que se le escuchaba llorar, como muchos lo hacemos, en silencio, aislados. ¿¡Y cómo no hacerlo!? Sí tenemos más muertos, si recibimos a más difuntos que vendrán, y saldrán del panteón, de sus tumbas, porque están cerca, muy cerca de nosotros y muchos no se querían ir. Porque a muchos se los llevó de tajo.

Vienen de tan cerca, aún cuando ya son cenizas o están a sólo una cuadra de aquel perro que parecía llorar o anunciar una ¡Bienvenida!.. De aquel otro que empezó su aullido y del de casa que también lo acompañó. Ellos también lloran esas ausencias. Sienten las partidas, se notan inquietos, y también listos a recibir a sus propios difuntos, a esas mascotas que arribaron apenas el 27 de octubre, y que su llegada la acompañó el aullido de ellos.

Ahora, seguían los de muertes violentas, los asesinados, los de accidentes, los que fallecieron por indolencia de otros. Esos que se fueron inesperadamente por un COVID sin control. Después vendrían los que se ahogaron y luego aquellos que todos hemos olvidados, los sin familia; también los que están en el limbo; los pequeños que nunca nacieron o les cortaron la vida.

Ahí vienen los menores de 12 años, para después darle paso a los adultos. Todos estaban y estarán ahí, porque ¡Llegan! ¡Claro! Que sientes su presencia, ahí en tu hogar, en tu familia, que no los olvida.

Están, porque a ellos ninguna distancia los aleja. Ningún aislamiento los obliga, ninguna restricción los detiene. Porque la inseguridad, ya no los frena; porque ninguna acción tardía los asusta. Ellos van a estar ahí, ¡junto a ti, en tu hogar! Saldrán aunque les cierren los panteones; aunque les impidan se acerquen.

Vendrán como siempre a hacer presencia. No tendrán miedo al secuestro, a que las desaparezcan de nuevo. A que las ¡Maten a golpes!, a que las violen hasta su muerte o los ¡asesinen! No temerán a la crisis económica ni sentirán temor de estar cerca de cada uno.

Llegarán porque tienen ¡Libertad! Para abrazarte. Darte amor, y mostrar su cercanía. Porque sus almas anhelan que tú los abraces como no pudiste hacerlo. Llegarán, porque desean estar ahí, en las mesas, en sus altares. Llegaron y llegaran, porque está la luz que alumbra su camino a casa y hoy nada obscurece su presencia. Vienen todos. ¡Todos! Nadie se quedó allá. Salieron para darle fortaleza a cada familia mexicana. A cada padre, a cada hijo, a cada hermano que llora su ausencia.

Vendrán y llegan, porque saben que los esperan, que nada, nadie los detiene ni les frena la entrada a los hogares mexicanos. Sus rostros están contentos, hay sonrisas, hay lágrimas por esa ¡Bienvenida! En ese rincón favorito de tu hogar. Ahí, saboreando aquel chocolate, esa cerveza, ese brandy, aquel cigarro, ese platillo favorito que hoy hiciste por ellos. Ahí están, ahí llegan, ¡recíbelos! Únanse para abrazarlos, para sentir su presencia, esa presencia que te deja oír ruidos nocturnos; ver sombras y movimientos extraños. ¡Son ellos!, de verdad, ¡son ellos!

Cambia ese dolor de muerte, de tragedia, y ¡levántate! No te derrumbes más, olvida ese episodio violento, reconforta tu alma, no te resignes y espéralos, siente su presencia que vaga dónde tú estás…Y ¡recíbelos!, desboca tu amor. Abrázalos y diles cuántos les amas, porque así lo percibimos “El Día de Muertos”, porque así es esa sensación que da su presencia todos los días, aún después que se han ido.

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