TONTERÍAS PELIGROSAS DE POLO Y DEL EX RECTOR WICAB

Por Salvador Mancillas Rentería

La primera es del presidente del Congreso, Polo Domínguez, quien está seguro de que los problemas de la UAN se acabarán cambiando la Ley Orgánica. Parte del pensamiento mágico moderno cree que un cambio de reglas puede transformar positivamente la realidad, cuando la experiencia indica que por más bella que sea la articulación de un orden jurídico, la realidad puede seguir siendo miserable y conflictiva. Es el caso de México, que por mucho tiempo presumió una Constitución de avanzada, pero con poco efecto en los problemas de desigualdad, criminalidad y corrupción. La propia UAN cambia a menudo de reglas, pero eso no ha solucionado gran cosa sus problemas.

La Ley Orgánica Vigente fue promulgada en 2003, luego de un escrupuloso trabajo técnico realizado por abogados universitarios y de exhaustivas consultas internas y externas (Foros, Mesas de Análisis, etc.). Es una ley extraordinaria y clara. Decretar arbitrariamente que hace falta una nueva ley orgánica, no es sólo una falta de respeto a la difícil historia de la UAN, sino también a su autonomía.

Segunda tontería peligrosa: apoyarse en un grupo particular de interés encabezado por el ex rector Wicab, que echa de menos con nostalgia sus antiguos privilegios. Se preguntarán, ¿por qué no reformó la ley orgánica cuando tuvo ese poder? Inclusive, si apenas el año pasado era consejero universitario, ¿por qué no hizo su actual iniciativa ante esa instancia adecuada y se le ocurre, ya que está afuera, utilizar un poder externo (el Congreso), para mostrar una extraña y repentina “preocupación” por nuestras normas? Reglas de las que ahora abomina, pero que le permitieron en su momento llegar a la rectoría.

¿Y por qué Polo Domínguez se presta a ello? ¿Ya inició su carrera por la gubernatura? ¿Quiere utilizar a nuestra universidad como trampolín mediático para allegarse simpatías electoreras? ¿Por qué no consulta a los expertos en temas universitarios (los hay en la UAN), antes de tomar decisiones que comprometen seriamente la integridad política de una institución tan importante como la nuestra? ¿Por qué, sencillamente, no entró antes en diálogo institucional con el Consejo Universitario e, inclusive, con el rector? ¿Por qué hacer las cosas al revés? La lógica se entiende: imponer desde fuera una ley y violar otra vez la autonomía, según inveterada costumbre de los poderes del Estado.

Por último, todo el discurso del Diputado Polo Domínguez descansa en una falacia metonímica: si hay corruptos en la UAN, todos somos corruptos; si tiene problemas financieros graves, es culpa de la institución y no tiene derecho ni siquiera a su propia autonomía. Si hay aviadores, todos son aviadores. Es decir, los universitarios carecemos de derechos políticos y ahora nos tiene que “ayudar” esa sociedad abstracta a la que apela con astucia retórica.

Este tipo de discursos le permite al Estado (federación, gobierno y congreso) echar una cortina de humo y evadir su propia responsabilidad, “consagrada, por cierto, en la Ley de Coordinación de Educación” de apoyar con acciones políticas y económicas serias, pertinentes y adecuadas al contexto, a nuestra Alma Mater. Punto.

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